
La posibilidad de ser cubo. Un cubículo. Un poema.
Una soñada habitación.
Una frase que respira con tornillos
inclinada a la ternura
abarquillada por error.
funambulando precipicios
3.30 de la madrugada.A penas si se mueve
grita hasta el infinito
pero no hay nadie al otro lado del deseo.
Ninguna tierra donde esconderse
nadie por quién luchar
sólo un paisaje deshabitado
austero.
El corazón grita para despertarse
pero no hay voz
sólo piedras salen de su boca
piedras como dientes
caen
piedras
arqueología del sentimiento
oquedad de las palabras.
una cueva para guardar el cuerpo.
Piedras
hasta el ombligo
hasta tapiar los pechos
Piedras caen
hasta ahogar la piel
cubiertos de barro los pensamientos
los ojos al cielo
caen
Piedras
van cayendo.
No hay clemencia
invención de náufragos
manipuladores de sombras
artífices de su propia torpeza
La lumbre no cierra las cartas del desengaño
ciega y calienta
la falta de aliento
quema sin transformar
aquello que permanece muerto.
Artículo 5. Divulgación de noticias falsas. Toda persona que divulgue a través de un medio de comunicación social, noticias falsas que ocasionen una grave alteración a la tranquilidad pública, pánico en la población, la hubieren mantenido en zozobra, que haya alterado el orden público, que hubieren producido un perjuicio a los intereses del Estado, será castigada con una pena de prisión de dos a cuatro años.
interrogante
inconforme
fracturada
independiente
inmigrante
inteligente
incoherente
dislocada
interiorista
perseverante
intermitente
ingrediente
inherente
imborrable
optimista
inabarcable
impostergable
impresionista
infrecuente
subyacente
imaginaria
molècula d’asfalt
me dejaría llevar
hasta donde no hubiera más
nada más que mar
cielo y mar
hasta donde la olas batieran
en él
del cielo a mi
sin escuchar nada
más que viento
agua y viento
yo en el centro
un punto una gota una nada
el cielo dentro de mi
viento y mar frente a mi
y yo
transformándome
desaparecería en el todo
nada más
lejos de todo
finalmente
tan lejos de mi

Por la mañana de un día cualquiera un camión desembarcó una brigada del ayuntamiento en la cancha de futbol: treinta brazos subcontratados y armados de maquinaria que se ocuparían, en muy pocas horas, de abrir cinco fosas en la línea central.
De portería a portería.
Al medio día, los huecos ya habían sido cubiertos con cemento y coronados por cuatro vallas cada uno. Pero los chicos del barrio volvieron a la cancha y, apartadas las vallas, se pusieron a jugar futbol.
Tres días tardó en aparecer el mismo camión sin perforadoras ni brigada, sólo con un hombre y un candado, para cerrar el acceso a la cancha. Pero los chicos del barrio volvieron y, una vez saltada la reja, se pusieron a jugar futbol. Hasta ayer,
de un día cualquiera. De madrugada, cinco flamantes mesas de pin-pon fueron colocadas proporcionalmente, una al lado de la otra, en la línea central de la antigua cancha de futbol. Y cuando los chicos del barrio volvieron… miraron el cielo, las paredes de la muralla, los mendigos de la metadona, el descampado lleno de caca, la calle, la acera, la pelota y las ansias de chutar a gol.
Ahora ya no hay gritos ni porterías, nadie levanta polvo ni rompe ningún cristal. No son muchos los chicos del barrio que vuelven. Y será difícil conocerlos si no jugamos a futbol.
Me pongo bajo cubierto y siento como la lluvia
sigue cayendo sobre mí.
No sobre todo el cuerpo.
Algunas gotas caen en la frente, otras en el brazo
y una
entre las piernas.
Sigo bajo cubierto y continúa
lloviendo.
También dentro de mí.
Este vaho, esta niebla. Eterna humedad interior
Y la inclinación inmanente hacia el todo irá bien.
Después, la derrota.
El día, como un suspiro
y yo, como una rosa.
Con el vestido de espinas calzado del revés.